CRÓNICA DE UNA CRUELDAD: EL ABANDONO NO PUEDE SER EL FINAL DE LA LEALTAD
TUNJA – En medio de la espesura del bosque en la vereda Tras del Alto, donde el frío de las noches tunjanas no tiene piedad, fue hallado un ser que solo conocía la entrega absoluta. No llegó allí por su cuenta; el lugar, es de difícil acceso y densa vegetación, evidencia que fue trasladada y abandonada a su suerte en el momento en que más necesitaba protección. No tenía rastas y parece de vivienda urbana pues en el campo, estos animales pequeños permanecen muy sucios y con enredos y material vegetal en su pelaje.
Al momento del rescate, la escena era desgarradora. La perrita, cuya edad avanzada es evidente, tiritaba de frío de manera incontrolable. Parecía resignada a su suerte. Nos acercamos y no luchó ni ladró, no tenía fuerzas para nada. Rápidamente la cargamos porque creemos que no aguantaría una noche más en esas condiciones. Su estado era de una fragilidad absoluta; el frío calaba sus huesos y su mirada reflejaba el desconsuelo de quien ha sido desechado por los suyos.
A simple vista no se notaban lesiones externas, pero la dolorosa verdad se reveló al intentar auxiliarla. Al cargarla para ponerla a salvo, se descubrió en su torso una lesión de gran tamaño, compatible con un avanzado cáncer de mama. Fue entonces cuando comprendimos la magnitud de la indolencia: la perrita no estaba perdida ni fue abandonada por falta de espacio, fue abandonada por estar enferma, por eso hoy queremos hacer un llamado a la conciencia y la humanidad
Este caso nos deja pensando sobre la responsabilidad y la empatía. Si bien los tratamientos veterinarios para enfermedades complejas pueden ser costosos y no todos los hogares cuentan con los recursos, el abandono jamás será la solución.
"Si no se podía costear un tratamiento, la compasión exigía al menos un descanso digno a través de la eutanasia, rodeada de las caras que conoció toda su vida. Pero dejarla morir sola, con hambre, bajo la lluvia y en medio del frío inclemente de Tunja, es un acto que nos obliga a preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo."
Actualmente, la perrita se encuentra bajo cuidado médico especializado. Los veterinarios trabajan arduamente para estabilizar su condición y brindarle el tratamiento más apropiado según su estado de salud. No se sabe si logrará sobrevivir, pero después de suponemos dos noches de terror en el bosque, por fin ha vuelto a conocer el calor humano.
Hacemos un llamado a la reflexión: una mascota es un miembro de la familia, y la vejez o la enfermedad no los convierte en objetos desechables. La lealtad de un animal es para siempre; nuestra humanidad debería serlo también.
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